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jueves, 19 de enero de 2012

LAS IDEAS LENINISTAS DEL PARTIDO EN LA POLÍTICA ACTUAL.

Parten de que la gente no sabe lo que quiere, ni sabe lo que le interesa, ni sabe a donde quieren ir. El pueblo tiene que ser dirigido por los que saben el camino histórico, es decir, por los que saben a donde va a ir el mundo. Solamente por los que saben cómo va a ser la historia presente e inmediata, anterior y posterior, futura y final, del mundo físico y de la humanidad. Los que saben la forma científica de saber todos y cada uno de los elementos de la realidad objetiva y de la subjetiva.

Solamente hay una forma de saber como es el mundo y esa forma es única porque es lo científico, y es lo científico, no porque lo digan los científicos, ni una mayoría de científicos, ni un grupo de científicos muy buenos, ni siquiera un grupo de científicos considerados malos pero que después resulta que sabían mucho, tampoco de un único científico ni de un sabio descubridor, que aún en contra de todos los demás demostró, como requiere la ciencia, que eso es así y que será además así hasta que se demuestre lo contrario. Estos científicos son los políticos que se autodenominan de la vanguardia (del partido obrero, o del partido popular) y que aspiran al paraíso (socialista o del bienestar social).

La historia de este pensamiento, se originó con un licenciado en filosofía que se llamó Carlos Marx que pretendió luego ser economista. Carlos Marx no demostró científicamente tal como establecen los paradigmas científicos nada. Carlos Marx opinó y además opinó varias cosas distintas, algunas contradictorias y en un inmenso lío a lo largo de su vida, llegó a decir cosas antagónicas. El antagonismo más garrafal de Marx para mi opinión es la teoría de “la conciencia”. La teoría de “la conciencia” en contra de lo que él mismo se proponía, ha resultado más trascendental que incluso su teoría económica que solo se ha aplicado profusamente en el corazón y las pasiones desatadas de los comunistas. La teoría de “la conciencia” considero que es la piedra angular en su teoría intelectual aunque no se lo propuso. Efectivamente, al principio de su circuito intelectual y de su maduración personal, “la conciencia” no dependía de los individuos, sino que era “la realidad social” lo que determinaba la conciencia y el camino histórico. El tema de “la conciencia” despunta al principio de sus escritos (La Ideología Alemana), continúa de forma más o menos constante de forma implícita o explicita hasta casi sus últimas obras. Después de la experiencia de la comuna de Paris entendía que eran al menos los obreros, los obreros industriales, los mejores obreros industriales, los más conscientes obreros industriales, los que tenían las circunstancias sociales apropiadas y eran los que serían los que deberían dar el paso definitivo al comunismo. Aun cuando de “la conciencia” como él decía no dependía “la existencia social”, ni la realidad, ni tampoco al parecer el análisis de la realidad. Para Marx todo dependía de “la existencia social”. Pero aunque no lo dijo, al final de su proceso vital, de maduración personal, casual, circunstancial, al parecer era “la conciencia” lo determinante y no la “existencia social”.

Carlos Marx, no desmintió que “la existencia social” era la que determinaba, desde el punto de vista del materialismo histórico, la transformación de la sociedad. Sin embargo da la impresión de que pasa como de puntillas por los conceptos más importantes de su teoría. A veces parece que hay otro concepto encriptado en su teoría que al parecer la sociedad no depende ni de “la conciencia” ni de “la existencia social”, depende de una especie de híbrido, que es de “los que estén en el lugar preciso y el momento adecuado” (los oportunistas).
Parece ser que eso se puede saber y quien lo debería saber es el obrero, que es de todas las clases sociales, la que vive la verdadera realidad histórica, la realidad objetiva, las demás realidades son falsas y/o equivocadas en la historia. Con el paso del tiempo y sobre todo cuando apareció el concepto de “paraíso socialista” se estableció que no solo las otras opiniones que no sean del obrero están equivocadas, sino que tienen que ser realidades perseguidas implacablemente, escarmentadas de forma ejemplar y destruidas definitivamente hasta sus cimientos de la faz de la tierra para siempre.

Federico Engels, amigo personal de Carlos Marx y al parecer camarada intelectual, entendió que todo el pensamiento sobre “la conciencia” de Marx desembocaba ineludible e inequívocamente en el concepto de “vanguardia del proletariado”. Para conseguir este artilugio intelectual Engels tuvo que inventarse el concepto de materialismo dialéctico, frente al concepto de materialismo histórico que era el único que empleaba Marx. Esto es, a mi entender, el arreglo, la explicación o la salida intelectual de los conceptos de “conciencia vs. “existencia social”. Y pudo ser así, pero a pesar de ser un concepto cuanto menos contradictorio si no claramente antagónico, la “conciencia de clase” y “la vanguardia del proletariado” pudo ser la conclusión final y no expresada de su maduración intelectual circunstancial y personal. En Marx la “vanguardia del proletariado”, no parecía la idea mas trascendental de su teoría, la idea más importante parecía que era su teoría económica y su visión apocalíptica del capitalismo. Entiendo que la idea de Marx no se aplico ni siquiera en URSS, pues la llamada Nueva Política Económica aplico el capitalismo y posteriormente el tipo de economía aplicado fue de capitalismo de estado. En términos intelectuales entiendo que solo llegó hasta los años 30 del siglo XX, pues en este momento surge la teoría de la transformación progresiva del capitalismo en un “estado de bienestar” con un protagonismo importante del Estado, idea del economista británico Jonh Maynard Keynes, que sigue siendo hoy en día, incluso con las criticas y modificaciones, el economista más trascendente y que más aplicabilidad ha tenido su teoría. La teoría de Keynes es la teoría económica hoy en día más aplicada, más que la teoría económica marxista que nunca se aplicó más que en el corazón y las pasiones desatadas de los marxistas. La de Keynes es en parte la teoría económica aplicada en los llamados países socialistas. En esos países la aplicación fue de tipo práctico pero cobró una forma más radical y antidemocrática desde el punto de vista del ciudadano de a pie que en los países occidentales. La teoría keynesiana es en realidad la praxis de la política socioeconómica soviética.

Efectivamente la teoría leninista de “el partido” es lo que va haciendo que toda la política económica se vaya fundiendo con los principios políticos de colectivización y las planificaciones económicas de ingeniería socioeconómica, para generar políticas de bienestar social para igualar a los ciudadanos con servicios educativos, sociales, sanitarios, de infraestructuras (vivienda, comunicaciones, transportes, obras públicas, etc.). Todo ello al principio está muy bien pero hay que fomentar el estimulo y controlar a raja tabla la corrupción del sistema de los que mandan y de los que no, los que trabajan y los que no y los que rapiñan por arriba y por debajo.

Al principio superados los problemas y al estabilizarse políticamente el sistema (con masacres destierros etc.) consiguió funcionar muy bien la URSS y llegó convertirse con el tiempo en una superpotencia mundial. Su ejemplo en los aspectos económicos y políticos más positivos (en sentido pragmático) fue trascendiendo cada vez más a nivel mundial y llegó a impregnar a los intelectuales en las teorías políticas, económicas y sociales de “socialismo” soviético.

El paradigma soviético y sus éxitos económicos, fue trascendiendo a los intelectuales, a alguna prensa y a muchos lideres sindicales y políticos de los trabajadores. Entre ellos los que fueron más prontamente comprendidos fueron los que unieron el socialismo al nacionalismo radical que también la URSS lo nutría en su defensa a ultranza de la patria socialista.

Es entonces cuando surgen los partidos fascistas y nacional-socialistas y cuando empiezan a producirse fracciones pro soviéticas en los partidos social-demócratas y nacen los partidos comunistas.

Todavía no se había descubierto completamente, ni generalizado, el paradigma soviético de promesa del paraíso socialista o de otro tipo, que permitía justificar todas las actuaciones políticas, ni la perversión de la democracia de los ciudadanos por la democracia de los órganos y de los escalones de representación piramidal.

Tardó un poco más pero el paradigma de la perversión de la democracia de los ciudadanos por la democracia de los órganos y de los escalones de representación piramidal va extendiéndose como la pólvora y en la actualidad hay hasta intentos serios de minar el liberalismo de derechas y del llamado imperialismo yanqui. Este país cuenta a priori con la democracia más formal, liberal y burguesa del mundo con una separación de poderes aun no confundidos del todo.

Europa y el resto de países alternan este paradigma con el paradigma casualmente también soviético que llevó a la URSS a la descomposición y a la ruina con la corrupción generalizada. Esta globalización en estructuras mas corruptas o un poco menos corruptas, va pareciéndose cada vez más a la socialista y va desnaturalizando a marchas forzadas la democracia de los ciudadanos e incluso la propia democracia burguesa y caminando hacia una nueva democracia de tipo orgánica y burocrática.

Aunque no lo reconocieran ni los soviéticos ni Keynes, entiendo que la praxis socialista fue la salida frente al “crac de 1929” y la gran depresión de los años 30, ese sería el principal paradigma que utilizó para elaborar su teoría del Estado de Bienestar.

Lénin llamado por casi todo el mundo seguidor de Carlos Marx, centra paradójicamente su teoría más que en los conceptos económicos, en el concepto de “vanguardia del proletariado”, entiendo que siguiendo la praxis de Marx. Lénin casi no habla de otra cosa, unas veces para explicar explícitamente la idea de la “vanguardia obrera” y otras para ser la base justificativa implícita de cualquier otra cosa que dice. Para Lénin ya es evidente que el obrero no solo no sabe lo que quiere sino que tampoco sabe lo que le interesa, por supuesto y a pesar de su “existencia social” tampoco sabe hacia donde va la historia, y mucho menos tiene “la conciencia” de su papel en ella.

Pero Lénin llega todavía más allá. Por supuesto la “vanguardia del proletariado” no es otra cosa que “el partido”, pero no cualquier partido, sino el partido “bolchevique”. Pero es que tampoco “el partido” es exactamente “la vanguardia del proletariado”, pues las decisiones se toman en el “comité central del partido”, pero hay decisiones que no se puede reunir el “comité central del partido” y la decisión la toma estatutariamente “el politburó” o comité ejecutivo del Comité Central, pero es que a veces tampoco hay tiempo y las decisiones las tiene que tomar “el secretario general”, es decir el propio Lénin. Por supuesto “el secretario general” es el que elabora la lista y propone a los miembros del “comité central”; asimismo propone también su destitución si no los considera adecuados. El poder personalísimo, la estructura burocrática que la sostiene, la democracia de los órganos y de los escalones de representación piramidal, se va consolidándo cada vez más conforme va pasando el tiempo.

La idea de “el partido” es la idea más trascendental de Lénin. Esta idea no solo ha trascendido a todos los partidos de tipo comunista-bolchevique, sino en general a todos los partidos comunistas. También ha transcendido a partidos de corte autoritario, sobretodo a los partidos fascistas, nacional socialistas, nacional sindicalistas, etc. También ha trascendido a los partidos socialistas, social-demócratas, laboristas etc. Y lo que es más importante también ha trascendido a lo que se ha denominado la derecha. Efectivamente los partidos de la derecha conservadora pero también los de tipo liberal (dependiendo de la fuerza de los ciudadanos frente a los partidos, los grupos de presión, lobbies y sociedades secretas) están sufriendo una transformación en la estructura organizativa y en la forma de ser nominados los militantes, las planchas de candidatos, los cargos políticos, los puestos en el partido, la organización burocrática, etc., de tipo puramente “leninista”.

Otra idea trascendental de Lénin es su idea del “paraíso” (tradicionalmente descrito como: “jardín extenso y bien arreglado, bello y agradable donde además de árboles y flores se ven animales enjaulados y en libertad, lugar idílico de encuentro de los amantes”) en el caso de Lénin se llamará el “paraíso socialista”, que indirectamente lleva aparejado toda una serie de estrategias de enorme trascendencia paradigmática.

Para conseguir el “paraíso socialista” todo está justificado, desde unas cuantas ejecuciones, a múltiples ejecuciones o generalizadas ejecuciones. Por supuesto está justificada la mentira, la tergiversación o desnaturalización de la realidad o la manipulación de la información. Por supuesto el “paraíso socialista” es lo mejor y todo lo que impida llegar o acercarse a eso puede ser considerado el mayor crimen. Los que luchan o aparentan que se oponen al “paraíso socialista”, serán sujetos del mayor de los delitos existentes en el universo y por supuesto toda acción contra ellos hasta las más radicales son justificables.

Otra estrategia Leninista es el victimísmo permanente y ésta es una idea asociada tanto a la idea de “paraíso socialista”, como a la idea de “vanguardia obrera” porque según ellos y parece ser que es el pensamiento de las masas, son los que sufren y las victimas más desgraciadas de todas las desgracias mundiales.

Una estrategia muy importante para conseguir el “paraíso socialista” es que todo está justificado, no ya la hipocresía, sino también el cinismo, la culpabilización, la invención, la búsqueda de cabezas de turco, chivos expiatorios, etc. Pero todas estas tácticas se producen sobretodo cuando los culpables son ellos mismos o cuando los que ellos llaman culpables no se encuentran. La culpabilización y el linchamiento es siempre mediático (medios de comunicación), pero también puede y suele ser físico (destituciones, encarcelamientos, ejecuciones, etc.) o de ambas formas a la vez, de manera implacable. Es un estado policial donde la política lo justifica todo y está omnipresente en todos los actos de la vida de las personas.

domingo, 15 de enero de 2012

Resiliencia


Resiliencia es un término físico que cuantifica la cantidad de energía que almacena un material al deformarse debido a una tensión aplicada. Se puede aplicar también a la capacidad de las comunidades en un ecosistema de soportar perturbaciones para continuar con su vida. A niveles de interacción social es la capacidad adaptativa de recuperar el estado original o adaptado de libertad,  de igualdad, de conocimiento, etc. después de haber sido sometido a acciones por la fuerza de las circunstancias.
Por ser un término físico la resiliencia se produce en la interacción adaptativa. Todo esto tiene efectos emocionales pero en nada esas emociones ni su estudio tienen capacidad  para sobreponer el dolor emocional. Todo lo más te puede ayudar el estudio emocional y las técnicas de las emociones es a evadirte de la realidad y aparentar continuar con tu vida sin problemas pero no es más que una apariencia. También el psicologismo le sigue la corriente al paciente y le anima sin ser verdad diciéndole, en una especie de teatro artificial, que lo puede hacer, que vale mucho, etc. etc. pero que deja intactas las causas producidas por la tensión aplicada en la interacción y también la inadaptación y la deformación producida en la vida del paciente.

jueves, 12 de enero de 2012

Los psicologos son demasiado arquetipicos y cambiantes

Los psicologos son demasiado arquetipicos y cambiantes deberian estudiar mucho mas conocimientos sobre la interación social, cultural, espacial, temporal, etc. y dejar los modelos ideales o arquetipicos para la declaracion de intenciones porque asi no arreglan nada ni dejan que otros que si han estudiado puedan arreglarlo.

domingo, 8 de enero de 2012

El capital financiero y los antiliberales coinciden contra la economía de mercado.


Estos personajes no creen en la economía de mercado solo están de acuerdo con el capital financiero, las multinacionales y los monopolios.. Realmente son contrarios al desarrollo del mercado no creen en los mercados donde vuelvan a existir las tiendas independientes, creativas, especializadas, de barrio, la iniciativa particular, la competitividad en precios, calidades, etc. Fuera de la economía de mercado su alternativa son las empresas estatalistas como las que existian con el INI (Instituto Nacional de Industria) y otras invenciones burocrático-monopolistas franquistas, que a unos precios desorbitados daban unos servicios de pena. ¿Se acuerdan de ATESA, E.N. Bazán, Repsol, ENASA, (Pegaso), ENCE, (Empresa Nacional de Celulosas de España), ENDASA, (Empresa Nacional de Aluminio S.A.), Endesa, (Empresa Nacional de Electricidad S.A.)
Enfersa, (Empresa Nacional de Fertilizantes S.A.), Ensidesa, (Empresa Nacional Siderúrgica S.A., Aceralia), Entursa, (Empresa Nacional de Turismo S.A.), E.N. Santa Bárbara, (industria armamentística), SEAT, (Sociedad Española de Automóviles de Turismo), Iberia, Aviaco o CASA, Uninsa, Hunosa o Astano y  monopolios como CAMPSA, Renfe, Telefónica o Tabacalera o Compañia Telefónica Nacional de España hasta hace poco?

jueves, 5 de enero de 2012

Gómez Pereira (1500-1558?)


Gómez Pereira (1500-1558?)
Antoniana Margarita 1554 (ejemplar de la Fundacion Gustavo Bueno)En agosto de 1554 el médico Gómez Pereira publicaba en Medina del Campo, en latín, un libro que se haría famoso,Antoniana Margarita. Ha sido necesario esperar hasta abril del año 2000 para, por fin, poder leer y tocar el volumen que contiene la primera traducción al español de esa obra (enfrentada página a página con la reproducción facsimilar de la edición de 1749): el año en el que se cumple medio milenio del nacimiento del autor; dos siglos y medio después de su anterior edición. ¿Cuándo conocerá el español su otra obra, Novae veraeque Medicinae (1558), impresa también en Medina? La Antoniana Margarita ha sido vertida al español por José Luis Barreiro Barreiro y publicada por la Universidad de Santiago de Compostela y la Fundación Gustavo Bueno. Desde hace unos meses un médico colombiano radicado en Estados Unidos, Jaime Gómez González, viene impulsando con tesón la conmemoración del centenario del famoso médico y filósofo: entre sus proyectos se incluye que las obras de Pereira sean traducidas a la lengua inglesa. Aparte cualquier otra conmemoración, la fecha del 2000, en la historia de la filosofía española, estará ya para siempre asociada al año en el que, por fin, tras varios intentos frustrados, se difundió en español la Antoniana Margarita.
Antoniana Margarita 1554 (ejemplar de la Fundacion Gustavo Bueno)
En el año 2000 se cumplen los 500 años del nacimiento de Gómez Pereira, un médico y filósofo español que vivió en Medina del Campo y escribió un libro famoso titulado Antoniana Margarita.El desarrollo, durante los siglos XIX y XX, del Evolucionismo darwiniano y de la Etología, confiere una inesperada actualidad a los planteamientos filosóficos del médico renacentista español, aun cuando esta actualidad podrá a algunos no parecer inmediata dado que, en efecto, necesita un análisis más sutil que el que tradicionalmente suele ser aplicado.
El nombre de Gómez Pereira va asociado a su «teoría del automatismo de las bestias». La teoría sostiene que los animales «no tienen alma», es decir, no sólo no tienen «alma racional», sino tampoco «alma sensitiva»; por consiguiente, los animales se comportan como autómatas. Según esto, sería simple metáfora antropomórfica decir, por ejemplo, que el galgo, cuando ve o huele la liebre, se lanza en carrera hacia ella: el galgo «no ve» ni «huele», es decir, «no siente». El galgo es una máquina maravillosamente diseñada que cuando recibe un estímulo determinado se dispara siguiendo un patrón de comportamiento característico. Al tratar de describir el «mecanismo» de recepción por el galgo del estímulo («objeto motivo») y la respuesta de aproximación hacia la liebre («objeto terminativo»), Gómez Pereira ofrece un verdadero «modelo» de lo que luego será el reflejo condicionado.
La teoría del automatismo de las bestias está, sin duda, en la base misma de la Fisiología moderna, en tanto ésta prescinde del alma en sus explicaciones, paralelamente a como la Mecánica del Sistema Solar también prescindió de Dios. Se dice que Napoleón, después de leer el Tratado de Mecánica de Laplace manifestó: «Observo que no habláis de Dios en vuestra obra»; a lo que Laplace habría respondido: «No necesito a Dios para mis cálculos.» Gómez Pereira podría haber dicho análogamente, refiriéndose a suAntoniana Margarita: «No necesito el Alma para mis cálculos de la economía de los animales.»
Ahora bien, es interpretación común que la teoría de Gómez Pereira, como después la de Laplace, abren la puerta al materialismo moderno. En el caso de la teoría del automatismo de las bestias, el fundamento parece claro: la teoría sería un ejemplo del ejercicio del método mecanicista, que destierra cualquier residuo metafísico, al modo de los aristotélicos, en la explicación de los procesos naturales.
Y sin embargo, y esta es la dialéctica del materialismo, Gómez Pereira no llegó a su teoría partiendo de premisas materialistas, sino todo lo contrario. Sus principios fueron los del espiritualismo más radical, un espiritualismo humanista, que concibe al hombre, ni siquiera como un animal racional (al modo escolástico), sino como un espíritu puro, «semejante a un hombre que estuviese encerrado en una cárcel», y que a lo sumo utilizase el cuerpo animal como un instrumento, a la manera como el piloto utiliza su nave, según la metáfora platónica (en la misma línea del Fedón, Gómez Pereira fundamentará la tesis de la inmortalidad del alma en su espiritualismo).
En realidad, cabría afirmar que el verdadero punto de partida de Gómez Pereira fue una doble constatación «empírica», que él habría extraído sin duda de su trato con animales y con hombres de carne y hueso:
(1) La continuidad entre las percepciones sensibles (ópticas, auditivas, olfativas...) y los actos del «entendimiento» y de la «voluntad»; Gómez Pereira negará la distinción real entre la facultad sensitiva y la intelectiva.
(2) La constatación de la semejanza entre los sentidos de los animales y los de los hombres.
De esta conjunción de constataciones, concluye Gómez Pereira la imposibilidad de admitir el dualismo entre el alma sensible y el alma racional, si no se quería borrar la distinción esencial entre el hombre y los animales. Gómez Pereira advirtió que quienes concedían a los brutos las facultades de ver, oír... sentir... desear... deberían concederles también el entendimiento y la voluntad, es decir, el «alma racional». Para evitar esta consecuencia, sin negar la continuidad, Gómez Pereira procedió por contraposición, declarando las «semejanzas» entre hombres y animales como apariencias: los brutos no ven, no oyen, ni sienten; es decir, son máquinas. Sólo el hombre, que es espíritu, puede ver, oír, sentir. Los animales tienen ojos y oídos: no por ello ven y oyen. Galeno (a quien, en otros puntos, Gómez Pereira había criticado) ya había dicho: «No es el ojo el que ve, sino el alma a través del ojo.» Sin embargo, el espíritu no consiste únicamente en ver, en oír, en sentir... El espíritu se mantiene también en la consideración de su propia sustancia, con independencia del cuerpo; puede mantenerse teniendo conciencia de sí mismo, mediante el ejercicio de su propio pensamiento.Quidquid noscit est; ergo sum, dice Gómez Pereira; Cogito; ergo sum, dirá Descartes. Pero aquella proposición no es, para Gómez Pereira, tanto un «primer principio» como una corroboración de su espiritualismo, de que el alma no consiste sólo en ver, en oír o en sentir, sino, sobre todo, en pensar sobre sí misma, sin necesidad de cuerpo.
De este modo el dualismo escolástico de las almas (la sensible y la racional) comenzaba a ser sustituido por otro dualismo, el del alma (espiritual) y el cuerpo. La teoría de Gómez Pereira será reexpuesta por los cartesianos y su dualismo tomará la forma del dualismo de la res cogitans y de la res extensa; la «conciencia de sí mismo» se transformará en el cogito.
Es, por tanto, un anacronismo, en el que incurren tantos historiadores, y un anacronismo que acredita una visión distorsionada (por la leyenda negra) de la Historia de España, comenzar viendo a Gómez Pereira como «pre-cartesiano», como un «precursor de Descartes», como si la importancia y aún la justificación de sus «extravagantes teorías» sólo pudiera encontrarse en su condición de precursor de Descartes, en quien, al parecer, la doctrina del automatismo de las bestias ya no sería tan extravagante. Tal perspectiva tiene unos efectos devastadores en relación con el método histórico, porque nos desvía del análisis de los orígenes, como cuestión secundaria, en beneficio de la atención atribuida a la condición de precursor; pero la génesis, los fundamentos históricos, sociológicos, &c. de la teoría del automatismo de los brutos de Gómez Pereira han de ser investigados por sí mismos.
Y es en esta investigación histórica de las «raíces sociales y económicas» (para utilizar la fórmula que Boris Hessen utilizó en su estudio sobre Newton) en donde advertimos cómo la propia teoría se nos presenta desde una perspectiva más amplia y, para decirlo todo, más actual. Porque la perspectiva histórica (las raíces sociales y económicas) nos descubre que las cuestiones planteadas por Gómez Pereira no se mantienen en el recinto escolástico en el que tenían lugar los debates del De Anima(ulteriormente, después de Goclenius, se llamarían «debates psicológicos») relativos a las relaciones entre las dos supuestas partes constitutivas de la sustancia humana, a saber, la materia y la forma de la doctrina hilemórfica aristotélica. Las cuestiones planteadas por Gómez Pereira renuevan, sobre todo, la cuestión de las relaciones no tanto entre las partes constitutivas de cada hombre, como las relaciones de unos hombres con otros, y de los hombres con los demás animales.
Ante todo, Gómez Pereira ofrece un curiosísimo argumento ad hominem que se basa en el comportamiento ordinario que los hombres tienen en su época respecto de los animales: les pegan sin el menor reparo, atraviesan con espadas a los toros... Al hacer esto, ¿no están demostrando que no creen que estos animales sientan? Si lo creyeran, su comportamiento sería atroz, cruel, inhumano. Ahora bien: ¿cómo es posible dejar de ver en este argumento, orientado a justificar el trato ordinario, pero cruel, de los hombres respecto de los animales, un argumento paralelo de justificación del trato de los hombres respecto de otros hombres tenidos por inferiores y muy próximos a los brutos, a quienes tenían que hacer trabajar mediante el látigo o el tormento, como podrían serlo los negros africanos que se vendían como esclavos en la feria de Carmona, o los propios indios caribes de los que había hablado Ginés de Sepúlveda? Es sabido que antes del descubrimiento de América ya se vendían negros traídos de Africa en ferias andaluzas, lo que explicaría, por razones de tradición, que el gran defensor de los indios, el padre Las Casas, no encontrase mayores escrúpulos en sugerir la conveniencia de importar esclavos negros para atender al cultivo de las encomiendas: el trasfondo social y económico de los problemas que Gómez Pereira suscitó, precisamente en Medina del Campo, uno de los mercados más importantes de Europa, demuestran que estas cuestiones no eran meras especulaciones metafísicas o estratosféricas, sino que estaban directamente relacionadas con la dureza obligada del trato a los esclavos, y la necesidad de justificar ese trato por su semejanza con los animales.
La verdadera cuestión filosófica que Gómez Pereira ha planteado, según esto, habría sido la de la justificación de la impiedad respecto de los animales, de los antiguos animales numinosos: ha anunciado la visión mecanicista moderna, vinculada, paradójicamente, al espiritualismo más radical, visión que estuvo vigente durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Pero, ¿acaso puede seguir afirmándose que los hombres se diferencian de los animales por tener un alma espiritual procedente de un acto especial de creación divina? La ciencia natural, sobre todo a partir de Darwin, demostraría, en el siglo XIX, que los hombres proceden de la transformación de los animales; la Etología demostraría más tarde que las semejanzas entre el hombre y los animales no son apariencias. Y con esto, los argumentos que dibujó Gómez Pereira adquieren una inesperada actualidad, aun cuando estén siendo recorridos en un sentido inverso: los animales son autómatas si admitimos que sus semejanzas con los hombres son aparentes; porque si no lo fueran, habría que admitir, en virtud de la continuidad entre la facultad sensible y la inteligible, que los animales tienen espíritu, o dicho de otro modo, que son de algún modo «humanos».
Ahora bien, en el momento en que reconocemos que las semejanzas entre los hombres y los animales no son aparentes, será preciso sacar las consecuencias que Gómez Pereira había ya establecido, pero que quiso frenar mediante su teoría del automatismo de los brutos. Si esta teoría es considerada extravagante, habrá que aceptar la «extravagancia», aún mayor para los «modernos», de quienes recomiendan un trato humano para con los animales. El Papa Juan Pablo II, en 1998, reconoció que los animales no sólo tienen un alma, sino que es preciso darles un trato «más humano». Y una pléyade de etólogos de primera magnitud (Goodal, Morris, Kortland...) han presentado, también en 1993, un manifiesto llamado «Proyecto Gran Simio» en el que reivindican la urgencia de aplicar los derechos humanos a los chimpancés, a los gorilas y a los orangutanes, como un primer paso para la reconciliación del hombre con sus «hermanos animales».
Puede decirse por tanto que Gómez Pereira, en el umbral de la edad moderna, trazó desde Medina del Campo los términos mismos de uno de los problemas más apremiantes de nuestra edad contemporánea.